Bajo el esquirlado cielo de Esc Helena Pinen, el aire no se respiraba, se cortaba. Las nubes, si es que se les podía llamar así, eran fragmentos de cristal de obsidiana que flotaban en una suspensión magnética, reflejando una luz violeta que no parecía venir de ninguna estrella conocida.
—Mantén los ojos en el rastro, muchacho —gruñó la voz de Elara a través del comunicador—. Si una de esas esquirlas cae mientras estás distraído, no quedará ni el polvo de tus huesos para enterrar. Bajo El Esquirlado Cielo De Esc Helena Pinen ...
Cuando el sonido regresó, Kaelen se levantó, temblando. Donde antes había una duna, ahora había un tajo perfecto en el suelo, y dentro de la grieta, algo brillaba con una luz dorada y espesa. Bajo el esquirlado cielo de Esc Helena Pinen,
Kaelen comprendió entonces que el cielo esquirlado no era una barrera, sino un espejo roto de lo que el mundo fue, y que cada pieza que caía era un recuerdo que Esc Helena Pinen intentaba devolver a la tierra, pedazo a pedazo, aunque en el proceso los matara a todos. Si una de esas esquirlas cae mientras estás
—Resina —susurró Elara, acercándose con el extractor listo—. Pero mira el color, Kaelen. Esto no es normal.